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Uno de los deseos que invariablemente pedimos los padres y madres para el futuro de nuestros hijos es que sean felices. Hoy sabemos que la felicidad absoluta no existe y que en su lugar podemos aspirar a un balance positivo entre las emociones placenteras y las displacenteras. Si estamos más a menudo contentos que tristes, enfadados o con miedo podemos decir que somos felices. Educar para la felicidad consiste en desarrollar en nuestros hijos un sistema inmunológico relacionado con su manera de sentir pensar y actuar. Sin embargo, hace unas décadas, el camino para llegar a ese preciado bienestar pasaba por una sólida preparación académica que garantizara un buen puesto de trabajo y éste, a su vez, un nivel de prosperidad que las generaciones anteriores no habían podido disfrutar. En general, se pensaba que la capacidad intelectual, junto con el esfuerzo marcaba el rendimiento académico y el éxito personal. Las emociones eran relegadas al ámbito de las pasiones y consideradas como interferencias para el buen rendimiento intelectual. El desarrollo emocional óptimo consiste en la adquisición de destrezas para manejar los estados emocionales en nuestro beneficio, reducir las emociones negativas y aumentar las positivas. Se define como un estado de rendimiento óptimo de nuestro funcionamiento personal que implica pensamiento, comportamiento y emociones:
La Educación Emocional permite, entre otros beneficios, actuar de forma preventiva ante estilos afectivos desfavorables que interfieren en el comportamiento de los hijos llevándoles a interpretar las relaciones personales de forma distorsionada, impidiéndoles sentir que son queridos y llevándoles a reaccionar con recelo ante las muestras de cariño, reclamando la atención a través de fórmulas agresivas o invasivas de la intimidad o libertad del otro, o percibiendo como un agravio personal cada frustración y una afrenta cada decepción.
El DESARROLLO EMOCIONAL es un proceso de aprendizaje en el que vamos construyendo nuestra visión del mundo, de nosotros mismos y de cómo nos manejarnos en él. Cada experiencia importante que vivimos tiene asociada un tono emocional placentero o desagradable. Estos significados emocionales que atribuimos a las experiencias pueden terminar convirtiéndose en un rasgo de una forma característica de respuesta, esto es, en un rasgo de personalidad.
DESARROLLO EMOCIONAL DEFICIENTE
DESARROLLO EMOCIONAL ADECUADO
Sentir pensar y actuar son tres grandes procesos psicológicos del ser humano que se influencian mutuamente. Sin embargo, de estos tres grandes procesos, el único que queda visible es la conducta que, a su vez, influencia y es influenciada por los pensamientos y sentimientos que la sustentan. Es conveniente visualizar al ser humano con sus raíces para entender, muchas veces, su comportamiento. Las emociones funcionan como un radar que se activa cuando detectamos algún cambio significativo para nosotros en nuestro entorno. Constituyen un recurso adaptativo, producto de nuestra evolución como especie, que funciona dando prioridad a la información relevante y activando procesos que nos permiten dar una respuesta adecuada lo más rápida y ajustada posible para asegurarnos la supervivencia y el bienestar. Las emociones constituyen un sistema de alerta que se activa ante algún cambio significativo para nosotros. Se trata de un programa que evalúa e informa sobre nuestra situación en el entorno y genera:
El objetivo es dar la mejor respuesta para asegurarnos la supervivencia y el bienestar actuando lo más rápidamente posible. Disponemos de dos grandes tipos de emociones. Las emociones básicas son aquellas genéticamente programadas: alegría, tristeza, ira, miedo, asco y sorpresa. Se caracterizan por una expresión facial universal y una forma de respuesta estereotipada:
Las emociones secundarias se derivan de las primarias y son fruto del desarrollo cognitivo, la conciencia de la identidad personal y el proceso de socialización de las normas culturales y sociales, por lo que parecen entre los 2 1/2 y los 3 años. También se denominan morales, sociales o autoconscientes: vergüenza, culpa, envidia, empatía, orgullo, pues implican la internalización de las normas sociales y la evaluación de nuestro comportamiento con respecto a ellas. Funciones de las emociones Las emociones cumplen con la función adaptativa preparando nuestro organismo para realizar la conducta más apropiada para la situación. Una emoción positiva o placentera nos indica que nuestro entorno satisface nuestras necesidades deseos u objetivos, en consecuencia, nuestra conducta será de mantener o prolongar la situación. Una emoción negativa nos informa que puede estar en peligro nuestra supervivencia o nuestro bienestar y, por lo tanto, nuestra conducta estará orientada al alejamiento de la situación. La función motivacional se basa en el poder de las emociones para accionar nuestra conducta dirigiéndola hacia una meta, bien aproximándonos a los estímulos que anticipamos como placenteros o alejándonos de los que nos parecen desagradables. La activación fisiológica es el resultado de la movilización de energía que nos prepara para la acción. La función social se basa en la expresión emocional que actúa como una señal que informa al resto del grupo del estado emocional de una persona, permitiendo a los demás anticipar su comportamiento y adaptarse a él.
TRIPLE SISTEMA DE RESPUESTA EMOCIONAL Este proceso tiene 3 componentes:
PROGRAMA DE EDUCACIÓN EMOCIONAL
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BIBLIOGRAFÍA Álvarez, M. (2001). Diseño y evaluación de programas de educación emocional. Barcelona: Praxis. Bernrtein, D.A. y Borhover, T.D. (1996). Entrenamiento en relajación Progresiva: un manual para terapeutas. Bilbao: Descleé de Brouwer. Bisquerra Alzina, R. (2000) Educación Emocional y Bienestar. Editorial PRAXIS, Monografías Escuela Española. Barcelona. Fernández Abascal, E. y cols. (2003). Emoción y Motivación. Madrid: Ed. Centro de estudios Ramón Areces. Garaingordobil, M. (2000) Intervención Psicológica con Adolescentes. Madrid: Pirámide. García Madrugada Juan Antonio, Lacasa Pilar. (1990): Psicología Evolutiva. Madrid. Universidad Nacional de Educación a Distancia. Gardner, H. (1998). Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica. Barcelona: Paidós. Goleman, D. (1996). Inteliegencia Emocional. Barcelona. Kairós. Labrador, F.; Cruzado, J.A.; y Muñoz,M. (1995): Manual de Técnicas de Modificación y Terapia de Conducta. Madrid. Pirámide. Lazarus, R. y Lazarus, B. (2000). Pasión y Razón. Barcelona : Paidos. López, F. y cols. (2001). Desarrollo afectivo y social. Madrid: Pirámide. Marina, J. A. (1996). El laberinto sentimental. Barcelona: Anagrama. Marina, J.A. y López Penas, M. (1999) Diccionario de los sentimientos. Editorial ANAGRAMA. Barcelona Norberto Levy. La Sabiduría de las Emociones. Plaza & Janes. Oliveira, M. (1998). La educación sentimental. Barcelona: Icaria.
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